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miércoles, 11 de enero de 2012

¡No son para tanto!

¿Por qué darnos semejante turra con mujeres como Jennifer Aniston, Eva Longoria, Anne Hathaway...? No cuestiono su elegancia, su gusto por la moda o su glamour. Que conste que no he elegido sus peores fotos o en las que sale sin maquillar. ¿A alguien le parece que sean para tanto?

Voy al grano:
Jennifer Aniston, la mujer más sexy de la historia

¿En serio? ¿Esta gente conoce a Ava Gardner?


Anne Hathaway, la Catwoman más sexy

¿Por delante Halle Berry? Venga ya...

Eva Longoria, la mujer más sexy de la TV

¡Con la de mujeres cañón que hay por Hollywood!

Sinceramente, no creo que en su adolescencia pasaran de ser las más guapas de su clase en el instituto. Y algunas, sin asesor de imagen, ni eso.



Por otro lado, ¿cuántas veces hemos dicho, "esta chica es mona"? Y nos hemos quedado aquí. ¿Por qué hay que sacarle punta a una conclusión que podría ser de lo más definitiva? ¿Por qué a veces no nos basta con llegar a este punto y final, sino que hay que analizar el aspecto físico de determinadas mujeres?

Obviemos el hecho de que a las mujeres en general, y a las que se dedican al espectáculo en particular, las medimos como a un cuarto kilo de carne de escaparate. Bien: al hacer este comentario ha quedado claro que no voy a pasarlo por alto, pese al "obviemos" del comienzo de la frase (pero qué falsa he sido), así que concedámonos el capricho de mencionar además aquella tópica cuestión de ¿hasta qué punto son ellas cómplices de eso?.

Esto viene a ser como plantearse quién fué primero: la gallina o el huevo. No vamos a darle muchas vueltas, lo prometo. Pero al menos reconozcamos que todos, cuando formamos socialmente parte de algo, y esto es inevitable cuando se vive en sociedad, (a menos que seas Remedios Cervantes y no te ajunten tus amigos después del show del azúcar), algo, decía yo, que implique ciertas reglas y forma de vivir, es inevitable que nos dejemos llevar. De la misma manera que nosotros no nos quedamos casi nunca en un "es mona" y ejercemos nuestro papel de jueces delante del escaparate, ellas también saben que no puede irse a un estreno sin pintarse el ojo. Y eso es así. ¿Qué estoy haciendo yo precisamente con este blog?

Total, que al final de lo que se trata es de que ni son tan guapas, ni tan altas, ni tan naturales, aunque muchos críticos, revistas, asesores y cotillas varios se empeñen en hacer que estas chavalas nos entren por los ojos. A mí no me parecen para tanto. Ni un pelo nunca fuera de sitio, maquillajes profesionales, caras estratégicamente iluminadas y cuerpos quirúrjicamente retocados. Y aún así, ni siquera me parecen lo que me quieren vender.

Sabiendo que lo sabemos, ¿a qué tanta insistencia con estas mujeres?

jueves, 6 de octubre de 2011

¿Entonces soy mala persona?

Bueno, aquí va la bomba informativa: Demi Moore ha sido engañada vilmente por su macizorro marido, que además, podría ser su hijo. Y aquí viene mi profunda reflexión: al saberlo reonozco abiertamente que me he alegrado un poco. En realidad lo mismo me da que me da lo mismo, sin embargo... ese quién sabe qué es, pero se parece un poco a un subidón anímico de saber del mal ajeno estaba ahí. ¿Y a mí esa señora qué me ha hecho? Pues nada. Pobre mujer. Y que conste que soy una defensora del amor parejil, sin diferenciar en sexos, edades o estatus sociales. Pero es que se liga a semejante chaval, el tío encantado de la vida, se casa con ella aún sabiendo que la diferencia de edad le impedirá cosas como ser padre, o le condenará a una madurez con una persona directamente vieja (no quiero ser peyorativa, léase como un mero epíteto).
En fin, él sabrá. En el fondo creo que lo que peor me sentaba de todo era verlos cada dos por tres en fotos preciosas, con paisajes increíbles, en lugares exóticos, o en fiestas mega-glamurosas; ella: estupenda, él: macizorro como siempre. En algún lugar leí que ella había gastado más de 8.000 € en arreglarse en quirófano desde que salía con Kutcher. Así cualquiera. El caso es que películas, lo que se dice hacer películas, ni una. Pero daba igual, todo el día subiendo a Twitter fotos de sus viajes, de sus disfraces y de sus coñas de cama. Invito a hacer las búsquedas pertinentes. Así no hay quien aguante de pié si te da por hacer comparaciones. Total, que al final resulta que todos somos gente normal, unos más guapos que otros, y con más dinero. Pero si a mí mi novillo no me friega el suelo del baño, a ésta le pone los cuernos. Y eso, parece que no, pero ayuda a estar más conforme contigo misma. Porque, en ese sentido, al final te he ganado, Demi. Sin hacer tanto el paripé por las revistas ni las redes sociales. Y mi chico también está cañón.